
no eran los golpes intencionados del aire
ni el silencio de las barcas
no eran mis ganas
ni las tuyas
qué podía hacer
si en la siesta de los depredadores
no había aposento
era la piel caliente
era la sal en la nariz
no eran las súplicas a la muerte de leopoldo
ni siquiera
el sexo gramatical de cristina
no importaban las niñas que juegan
al lomo de sus versos
las poéticas del abandono
o los otros nombres que ya no me matan
estaban de más
era la respiración clavada en la oreja
era mi carne
era tu carne
y pocas cosas de qué hablar
ni el silencio de las barcas
no eran mis ganas
ni las tuyas
qué podía hacer
si en la siesta de los depredadores
no había aposento
era la piel caliente
era la sal en la nariz
no eran las súplicas a la muerte de leopoldo
ni siquiera
el sexo gramatical de cristina
no importaban las niñas que juegan
al lomo de sus versos
las poéticas del abandono
o los otros nombres que ya no me matan
estaban de más
era la respiración clavada en la oreja
era mi carne
era tu carne
y pocas cosas de qué hablar
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